El sector del transporte de mercancías por carretera no puede permitirse dar un paso atrás en ninguno de los frentes que ahora mismo tiene abiertos, que no son pocos y amenazan la viabilidad de miles de empresas, especialmente autónomos y Pymes
Con los tiempos inciertos que corren, con un
precio del combustible desbocado
o y sin intención aparente de relajarse, debió a las tensiones internacionales que sufren algunos de los principales productores de petróleo del planeta, el transporte de mercancías por carretera no puede permitirse dar un paso atrás en ninguno de los frentes que ahora mismo tiene abiertos.
Y es que el momento actual empieza a adquirir un tono gris, casi negro, con unos
costes disparados
por efecto (aunque no solo) del incremento del precio del combustible, que ya supone el principal coste directo de explotación de un camión, por encima del personal ( otro tema que daría para rato) y amenaza con acabar con la ya reducida rentabilidad con la que vienen operando las empresas transportistas. Y aquí da igual la dimensión de las empresas; autónomos, pymes y grandes flotistas se ven presionados por los costes. Hasta me atrevería a decir que hay grandes empresas que al abrigo de los despiadados Tenders lo estarán pasado peor que el dueño de uno, dos o tres camiones, que no es que no esté presionado, pero ya sabemos de su increíble resiliencia, o buen hacer en la negociación, como se quiera.
Cargadores: esos empáticos clientes
Así andábamos, pensando que no podía ir a peor la cosa, cuando los cargadores, esos empáticos clientes de los transportistas, se descuelgan con una propuesta, aprovechando la parlamentaria del proyecto de ley derivado del Real Decreto-ley 9/2026, de medidas aplicables para una revisión automática del precio del transporte por carretera vinculado a la evolución del combustible, cuando menos totalmente inoportuna.
A saber: la Asociación de Cargadores de España (ACE) y el Spanish Shippers’ Council (SSC) han planteado la conveniencia de introducir modificaciones en la regulación actual para que el mecanismo refleje con mayor precisión los costes reales del gasóleo, reduzca la carga administrativa y mantenga el equilibrio entre los distintos eslabones de la cadena logística. Vamos…que en su opinión están pagando de mas en el cómputo de lo que actualmente se repercute obligatoriamente en las tarifas de transporte por el incremento del precio del combustible.
Iguales reglas del juego para todos
Eso si, todo disfrazado del loable objetivo de evitar “trasladar costes adicionales a la industria y la distribución y acabar repercutiendo en el precio final de los productos”. Como broma hay que reconocer que tiene su gracia…pero no cuela.
Quizá lo que a algunos les incomoda, como señalaban acertadamente desde CETM-no es la complejidad de la cláusula, sino que, por una vez, las reglas sean las mismas para todos”.
Los cargadores no están acostumbrados manejarse en igualdad de condiciones, porque en sus relaciones comerciales siempre sobrevuela una (triste) realidad: si no te gusta siempre habrá otro que lo haga a este precio. Ahora, se trata de distribuir un sobrecoste como el gasóleo obligatoriamente, sin trampas, sin coletillas…y eso ya no gusta. Bienvenidos



